Autor: admin4583

  • #24meses24familias Mi gran cambio interior

    Lo sé… Llego con 2 semanas de retraso… Ha sido cosa mía, Noelia cumplió con los plazos establecidos, simplemente que hay ocasiones en las que o vives o sobrevives y yo estoy encontrando el equilibrio entre lo uno y lo otro…jajajaja

    Las palabras que os traigo hoy, son las de Noelia, otra de las amatxus que Ene amatxo ha traido a mi vida. Noelia se vino desde Cantabria hasta Kaboo para un taller de porteo y después lo hizo junto con su pareja y su peque para disfrutar del curso de masaje. De lo poquito que la conozco es una mujer fuerte, que se deja llevar por su instinto aunque en ocasiones el ruido de alrededor le haga dudar. Noelia busca información y actúa en consonancia a lo que siente y es por ello por lo que yo le propuse escribir en Ene amatxo para hablarnos de esa revolución interior que supone ser madre. GRACIAS por animarte a formar parte de esta locura.  Os dejo con sus palabras. 🙂

    Bueno, pues aquí estoy, de madrugada, como era de esperar, para comenzar a escribir a cerca de mí, mi maternidad, mi vida, “MIS CAMBIOS”… no sé qué va a salir de esto pero si Ene Amatxo ha confiado en mí para ello, confío que algo al menos curioso, podré decir… No sé cómo ha visto en mí la posibilidad de aportar algo en su proyecto pero desde luego es todo un orgullo y lo hago con muchísima ilusión, la misma que pone ella en cada cosa que hace, no se merece menos, espero cumplir sus expectativas. 🙂

    Me ha costado sentarme a ello con esta vida tan intensa que conlleva el tener tan solo un hijo, incluirlo en tu vida y dar la vuelta a todos tus hábitos, prioridades, tiempos,… Yo esperaba un gran giro en la vida pero no este gran CAMBIO INTERIOR. Porque sí, todo el mundo te habla de un cambio de vida, pero hasta que no lo he vivido, no he sido consciente de la inmensidad y el alcance que esas palabras de cambio conllevan. Y es que no es un simple cambio, es una verdadera transformación interior, impresionante.

    Comienzo desde el principio:
    Yo conocí a mi compañero de vida, Sergio, hace ya 10 años, en Madrid, la ciudad en la que he pasado 35 años de mi vida, la que me vio nacer. Comenzamos algo que no sabía dónde me iba a llevar porque él vivía en Bilbao, y nos veíamos todo lo que podíamos pero no siempre que queríamos hasta que decidimos tomar una decisión: COMENZAR NUESTRA VIDA JUNTOS. y… ¿Dónde? ¿Madrid? ¿Bilbao? Por cuestiones de trabajo yo tenía más fácil el cambio y no voy a negar que ya habíamos fantaseado con vivir juntos al lado de la playa, salir de trabajar y poder dar un paseo descalzos,… me parecía idílico, nunca creí que eso se haría realidad, nunca creí que verdaderamente dejaría “mi Madrid del alma”, mi familia, mis amigas, para iniciar mi vida fuera. Yo de euskera poco más que agur, ongi etorri, eskerrik asko,… así que después de unos años por fin puedo concursar, consigo plaza donde quiero, toda una suerte y un lujo ¡nos vamos a Cantabria!, siiii… Estaba muy ilusionada, pero a la vez muy triste por irme lejos, por tener que decir hasta luego a todo, pero era una decisión meditada y mirando hacia delante, vivía ilusionada por la vida que empezábamos juntos.

    Pues aquí llegamos, a un pueblecito idílico en plena Cantabria, a escasos kilómetros de la
    playa, un 15 de agosto, ideal, parecía que no era nuestra casa, era como estar de vacaciones: nadar, salir a correr, pasear juntos por la playa y por el monte rodeados de verde, de vacas, ovejas y caballos, comer en el jardín, … Un paraíso de vida, a pesar de la distancia con mi gente, estábamos muy ilusionados. Y es aquí, en este lugar tan especial, donde por fin logramos uno de nuestros sueños como pareja, ¡¡¡sorpresa, estoy embarazada!!!, embarazo deseadísimo, llevábamos mucho tiempo con esa ilusión y por fin llegó, parecía mentira, increíble, estábamos muy contentos e ilusionados, fueron pasando los meses y durante este transcurso empiezo a sentir incertidumbres, inseguridades, ganas de intentar darle a esa nueva vida todo lo mejor, necesidad de informarme sobre miles de cosas de las que no tengo naaaada claro, pero… donde voy a buscar información si aquí no hay nada, no tengo ninguna referencia por esta zona, si todo lo que conozco está en Madrid, mis amigas embarazadas tienen mil recursos al
    alcance y yo… sin conocer a nada ni nadie del mundo de la maternidad… era un poco desesperante no saber donde acudir… En conversaciones con alguna de mis amigas con la que comparto forma de pensar en torno a crianza, alimentación… me van dando referencias para consultas, (yo ya había leído sobre Carlos González que junto a Julio Basulto en torno a la alimentación de mamá e hijos, del que me habla una amiga, son mi referencia en el embarazo) tiendas de porteo en Madrid, buscando una me lleva a la otra, empiezo a indagar por Bilbao y tachaaaannnn… aparece Ene Amatxo, la que va a ser mi referente de porteo en kaboo, no dudo en acudir al primer taller que plantea y que me cuadra en fechas, (por lo que tengo apuntado el 22 de octubre, tenía tiempo hasta febrero pero necesitaba empezar a adquirir conocimientos de algo, yaaaaaaa) y allí que fuimos juntos a aprender con Ene los beneficios del porteo. No dudo en coger un fular, para más adelante seguir con una mochila. A partir de ese día un suma y sigue: alimentación-blw, higiene- Irene Iglesias, sueño infantil, movimiento libre- Pikler, masaje infantil,… todo me parecía poco, yo quería absorber todo lo que mi cuerpo me estaba pidiendo, necesitaba ofrecer a mi hijo todo lo que mejor podía darle, necesitaba muuucha información para saber qué opciones tenía sobre cómo hacer las cosas y luego poder
    elegir lo que me parecía mejor; en todo ello Ene me ayudó en el camino.

    Tuve un embarazo genial, fue una etapa preciosa y Aimar nació en Febrero. He de reconocer que los comienzos fueron muy duros, durísimos, desde el parto, los primeros meses de lactancia, el sueño/las noches,… nada de lo que había podido hablar con nadie antes, ni leer, me hizo imaginarme la dureza hasta que lo viví en mis propias carnes y en cada duda de porteo, de posturas, de anudados,… allí estaba Ene; también para ayudarme a entender el proceso de sueño infantil, que lo que yo vivía era completamente normal, mi hijo era sano pero necesitaba mi contacto. Sus palabras finales en el curso de masaje infantil me hicieron sentirme grande, ella me hacía sentirme poderosa.

    Siguieron creciendo mis ganas de buscar y contrastar información, de luchar por no quedarnos con lo que nos vende la sociedad, la rutina, lo de “toda la vida se ha hecho así”, que no siempre es lo mejor y yo lo sentía y, necesitaba ver qué otras alternativas podía tener, lo estoy descubriendo poco a poco y aquí sigo, conociendo a grandes mujeres de las que estoy aprendiendo mucho, entre ellas Rebeca Madrazo que me ha ayudado muchísimo en mi proceso inicial de lactancia, continuamos con ella aprendiendo sobre la esencia natural de la crianza y avanzando en mi proceso personal, ella ha sido y es otro referente muy importante para mí. Profundicé un poco más en la filosofía Montessori gracias a Marta Prada y Bei Muñoz (con su gran frase de “días largos, años cortos”, qué razón tiene). Conocí la disciplina positiva, primero con Laura Cruz y después con Marisa Moya, un antes y un después, base en nuestra familia.
    Leyendo a Mar Romera (a la que me ha acercado otra de mis grandes amigas) sigo
    planteándome taaantas cosas… En suma, intentando aprender muuuuucho muchoooo y
    aportar a mi gran cambio interior, los conocimientos que necesita para esa transformación.

    Ahora, ya han pasado 2 años desde que nació nuestro gran amor y nos damos cuenta que el trabajo está en nosotros, en papá (que se interesa por aprender todo lo que mamá lee y recibe en sus formaciones) y en mamá. No es tarea fácil pero cada día nos sentimos más seguros de lo que estamos haciendo, sabemos que vamos por el camino que queremos, no el que nos viene impuesto; es tarea constante, diaria y de gran esfuerzo, pero si algo sigo aprendiendo es que la crianza es eso, aprender cada día de nuestros hijos, si les seguimos, ellos nos guían, el amor y el sentido común nos guía. Nos regalamos nuestro tiempo diario, el tiempo es el mejor regalo que le podemos hacer a alguien y que alguien nos puede hacer, es un privilegio contar con tiempo para estar con los que queremos.

    También he aprendido que un regalo a la familia es el tiempo que invertimos en formarnos por un día a día más respetuoso y consciente juntos, por aprender a respetarnos como personas, independientemente de ser niño o adulto.

    Tengo muy claro que mi prioridad para invertir mi tiempo es Aimar, nuestro regalo de la vida, no he tenido nada en la vida que me haya transformado tanto. Gracias Aimar y gracias Sergio, juntos vamos haciendo nuestra familia más grande, si cabe.

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  • #24meses24familias Del «no soy muy consciente» al disfrute pleno

    Otro mes que volvemos con una nueva familia. 🙂 En esta ocasión os traigo a otro aitatxu, el cuál me hace especial ilusión que participe. Y esque Ioritz llegó a mi vida en un concierto de La Pegatina en jaias de Bilbo de hace unos cuantos añitos… Pasó de ser un desconocido a convertirse en la pareja de mi mejor amiga y con el tiempo, en un buen colega. Debo decir que no ha sido sencillo sentirle cerca, el tiene las palabras justas y yo no callo, el es reflexivo y yo saco toda mi energía en 2 segundos. Pero pese a las diferencias siento que tenemos muuuuchas cosas en común, entre ellas nuestra mirada hacia la crianza. Algo que me encanta de Ioritz es que tiene claras sus prioridades y sabe que la vida está para DISFRUTARLA, no le cuesta «salirse del tiesto» y si siente que su camino es por el lugar que no está escrito en el mapa lo hace pese al qué dirán, eso me mola de él, eso… y la pedatxo de tarta que me hizo por mi cumple el año pasado (este gesto es algo que no olvidaré, fue un regalazo que llegó en un momento muy potente de mi vida. 🙂 ). Ioritz es un «loco» de estos que ha dejado su trabajo para dedicarse a la crianza y a VIVIIIIIIR, ya lo dice la frase de «hay que trabajar para vivir, no vivir para trabajar» y por ello me encanta que nos cuente su vivencia de la paternidad, porque el tiene claro su rol, ser aitatxu es sostener y él ahí va haciendo su camino. ESKERRIK ASKO por recordarme que otra manera de entender la vida es posible y que la clave es ser valiente. Os dejo con sus reflexiones. 🙂

    Cuando Ene me comento que escribiera sobre lo que para mí está siendo la paternidad, lo primero que pensé fue en aquellas preguntas de “¿Qué? ¿Cómo lo llevas? ¡Que vas a ser aita!” de gente cercana que se interesaba por el estado del embarazo. Es curioso porque yo siempre respondía: “¡Bien! aunque yo no soy muy consciente”. Como veis no era muy efusivo y no os equivoquéis, no era porque viniese de sorpresa, porque su tiempo costó que llegará.

    Para mí, el ser aita, está siendo un PROCESO, tanto es así que en las primeras semanas de Izadi, si llevaba tiempo dormida era como si me olvidase de que ya había llegado.

    Con esto quiero decir que a parte de estar más pendiente del “tandem” (Amatxu/Bebe), que tuvo un embarazo genial, no noté cambio alguno en mi día a día durante el periodo de gestación. Al fin y al cabo, sois las amatxus las que os transformáis, notáis cada movimiento y disponéis de una conexión directa con les txikitxus. A nosotros sólo nos queda cuidar que tengáis un entorno seguro donde la naturaleza siga su curso,  observar los cambios físicos y notar alguna que otra patada.  Es por eso que en realidad yo no me sentí útil hasta el día del parto. Mi pareja tuvo la suerte de disfrutar de la baja desde el tercer mes por riesgos inherentes a su puesto laboral y estoy seguro de que eso contribuyó casi en su totalidad a tener tan buen embarazo, al fin y al cabo tenia todas las energías puestas en su nuevo trabajo: gestar la nueva criatura.

    Llegado el día del parto, esta sensación dió un giro de 180º sin ningún tipo de aviso: ahora mi acompañamiento era vital. Habíamos decidido tener un parto lo más natural posible, y por ello nos habíamos informado bien en cursos y charlas informativas. Y es que, en mi opinión, si pretendes tener un parto lo más natural posible, es responsabilidad del aita informarse para estar preparado el día del parto, haberlo hablado con la pareja y tener un esquema básico de lo que puede ocurrir (aunque es muy probable que nada de lo que planéeis ocurra): ese día la amatxu está como en TRANCE, pasando de contracción en contracción como si fueran olas que la arrastran esos días de resaca  y de las que no puedes salir porque la ola no alcanza a romper. No está para tomar decisiones. Así que… decidid de antemano cómo queréis vuestro parto porque sino otra persona decidirá por vosotres y sobretodo defendedlo, que a veces en los Hospitales hay mucha prisa…

    De esto ha pasado ya un año y tras este periodo de paternidad puedo decir que ME GUSTA MÁS APRENDER DE ELLA QUE ENSEÑARLE YO. Sinceramente creo que los/as bebés vienen con todo lo necesario para abrirse camino y aprender lo que les toca en cada momento si les brindamos un entorno seguro y les dejamos explorar y experimentar libremente.

    Esta semana Izadi ha aprendido a subir escaleras a gatas y constantemente las busca para perfeccionar su técnica, hasta el punto que como dentro de casa no tenemos escaleras ella se las ingenia para seguir entrenándose y se sube al carrito, o a la cama. ¡Es admirable ese tesón! No importa cuántas veces no lo haya logrado, persiste hasta conseguirlo.

    También me impresiona SU SONRISA CASI PERPÉTUA con esos 8 dientecitos que tiene y esa capacidad de buscar la novedad. Apenas tiene juguetes porque hemos observado que PREFIERE JUAR CON COSAS COTIDIANAS como las llaves, las zapatillas de su amatxu, perseguir al perro, sacar las cosas de la mochila… Aunque no haya un sólo juguete en la habitación, ella busca con qué o quién jugar. Y es que lo importante no es los juguetes que tenga, sino el tiempo y la libertad que tenga para cubrir sus necesidades de movimiento y exploración sabiendo que sus figuras de referencia estan presentes. Ese era un punto que teníamos claro y por ello en este año tanto la amatxu como yo DECIDIMOS COGER UNA EXCEDENCIA, NO SÓLO PARA CUIDAR SINO TAMBIÉN PARA DISFRUTAR. ¡Y creedme que ha sido una de las mejores decisiones de mi vida!

    En este primer año de vida, Izadi ha estado en Francia, Italia y Portugal, viajando y durmiendo en furgoneta. También ha disfrutado a tope residiendo en Mazagon (Huelva) durante 5 meses donde ha completado su primera vuelta al sol. ¿Lo mejor de este año? Que nosotros NO NOS HEMOS PERDIDO NINGUNO DE SUS PROGRESOS. Hemos trabajado en equipo para hacer de esto un disfrute y no un motivo de estrés, con sus días buenos y malos, claro está, pero orgullosísimos de dedicarnos y dedicar este preciado tiempo a nuestra cachorrita.

    ¡Gracias Izadi por regalarnos este maravilloso año y que vengan muuuuchos más…!

    ¡No pierdas nunca esa sonrisa y carácter tan especial! ¡Nosotros haremos todo lo necesario para preservarlo!

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  • #24meses24familias Movimiento libre en niñes y mayores

    Nuevo mes, y… ¡¡¡nuevo post del #24meses24familias!!!

    En Enero os adelantaba que este año iba haber novedades en esta pedrada mía de abrir el blog a otras personas. Hoy os cuento un poquito más sobre el por qué del cambio de nombre. Pasamos de #12meses12madres a #24meses24familias porque no sólo las madres tienen cosas por compartir, también los aitatxus tienen mucho que decir… Afortunadamenete en los cursos y sesiones que imparto también hay aitas (la mayoría son amatxus, amigas mujeres, amamas o izekos pero cada vez más los hombres van participando y esto es geniaaaaal 🙂 )

    Y para abrir mi blog al mundo masculino, os traigo a Eneko, un aitatxu que participó en uno de los cursos de masaje infantil que impartí en el 2018. Eneko desde el minuto cero me enganchó por su conexión con su bebé. Su txiki era muy muy txiki cuando vinieron al curso, pero el fue capaz de hacerle masajito (muchas eces mientras disfrutaba al comer teta con su amatxu) y verle la cara en ese momento era lo más. En las sesiones Eneko compartía su sentir como aitatxu y hablaba sobre respeto, ritmos vitales, autonomía… Vamos que somos del mismo rollo…jajajaja. El trabaja como enfermera (así se denomina a sí mismo) con personas adultas y su perspectiva sobre este tema me encantó, hablábamos sobre cómo a veces le decimos a un/a niñe que «no pasa nada» en vez de «¿estás bien?» cuando se caen, y esto es tan sencillo  de entender como responder a la pregunta de «¿si no se lo haces a una persona adulta por qué se lo haces a tu hije?», también sobre la importancia de los espacios seguros y sobretodo de la presencia y disponibilidad, el «darles la caña en vez de pescarles los peces».

    Mila esker Eneko por compartir tu vivencia y sobretodo por saborear tanto de esto de ser aitatxu. 🙂

    Hace cuatro meses comenzó nuestra aventura como familia. Como todes, tenía la idea de empaparme de información para cuidar a nuestro bichito (como cariñosamente llamamos a nuestro hijo) a partir de artículos y libros, pero debido a mi situación laboral me fue imposible (malditas OPEs). Aun así, pude asistir con mi pareja a varios cursos e intenté aprovecharlos al máximo.

    Mientras estudiaba, entre tema y tema sacaba tiempo para leer alguno de los artículos que mi pareja compartía conmigo. Uno de los artículos me llamó mucho la atención, trataba sobre una pediatra llamada Emmi Pikler y sus investigaciones sobre el movimiento de les niñes. Algunas de las características de sus estudios eran el libre movimiento, el respeto, el fomento de la autonomía, la observación y el acompañamiento. Enseguida me di cuenta de que tenía muchas similitudes con mi manera de trabajar. Soy enfermera y hace años inicié junto a unes cuantes compañeres un programa basado en cuidados dignos.

    Gracias a la información que me iba pasando mi pareja y al ejercicio de mi profesión, empecé a darme cuenta de ciertos hábitos en la crianza normalizados socialmente, que no me parecían del todo correctos. Un ejemplo de ello son las típicas hamacas para bebés. En mi trabajo residen personas mayores, a las cuales, bajo ningún concepto sujetamos con cinchas o cinturones, aunque no tengan tono muscular y/o tengan deterioro cognitivo grave. Ya que hay suficiente evidencia científica para saber que es contraproducente tanto para evitar caídas como para la psicoagitación, porque no entienden por qué están atados, de la misma manera que un bebé no entiende por qué tiene que estar sujeto. Imaginaos por un momento en una cama o en una silla con un cinturón que no podéis soltar y no os deja moveros libremente.

    Después de hablarlo con mi pareja desechamos la idea de utilizar hamacas. La alternativa fue y es una manta en el suelo. Observamos que bichito se quedaba contento y, además, disfrutamos cada día acompañándole y viendo como descubre nuevos movimientos.

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    Cuanto más indagaba sobre el método Pikler más similitudes encontraba con nuestro método de trabajo: autonomía, entorno seguro, acompañamiento, cuidados dignos, etc. Si antes de realizar cualquier técnica a mis pacientes, sea cual sea su nivel cognitivo, les explico lo que les voy a hacer, ¿Cómo no lo voy a hacer con mi hijo? Si en el trabajo creamos entornos seguros para evitar caídas como mobiliario adecuado, luces cerca de la cama, sillas y camas con la altura adecuada para facilitar el libre movimiento y poder levantarse, sensores de movimiento, etc. y fomentamos todo lo posible su autonomía para que les residentes no pierdan facultades ¿Cómo no vamos a hacer lo mismo con nuestro hijo?

    Cuando hace años empezamos en nuestro centro con este proyecto, a muches compañeres nos costó aplicarlo al traducirse en más trabajo y mayor implicación, a tener que desaprender para aprender, pero finalmente nos dimos cuenta de que no es que lleváramos muchos años cuidando mal, sino que se podía cuidar de una manera óptima. A día de hoy evidenciamos que la calidad de vida de nuestros residentes ha mejorado.

    Con todo esto quiero decir que aunque nos cueste más trabajo, a ratos sea muy difícil, que haya que ir a contracorriente socialmente, que escuchemos que no es lo que se ha hecho “toda la vida” o que a veces nos tiente tirar la toalla, ¿No compensa que nuestres hijes crezcan libres y felices? Nosotres llevamos cuatro meses intentándolo ¿Lograremos conseguirlo? El tiempo lo dirá…

  • #24meses24familias Mi buena suerte

    Mes de febrero… y continúamos con esta aventura de abrir el blog a diferentes familias para que puedan contar su vivencia de esto de ser familia.

    Hoy os traigo a Virginia, una amatxu que llegó a mí a través de los cursos de masaje infantil de Kaboo. Desde la primera sesión del curso pude disfrutar de su amor por su txiki Aimar. Ver su cara cuando le hacía el masaje, esa conexión entre ambos era brutal. Sin duda alguna para mí ver amatxus tan conectadas con su cría como ella mola, mola mucho. Con el tiempo hemos ido coincidiendo en encuentros fugaces por la calle y siempre que la he visto estaba con su sonrisa de oreja a oreja y con Aimar cada día más mayor, obvio…jejejeje. Verla cómo disfruta de esta aventura de la maternidad es un lujazo, lo cuál no quiere decir que no haya momentos complicados… pero bueno os dejo con ella que es quien mejor os lo va a explicar. Eskerrik asko Virginia por formar parte de Ene amatxo. 🙂

    Mi historia de maternidad no tiene nada de excepcional. Un embarazo normal, un parto en hospital rápido y sin complicaciones, una lactancia sin problemas….  Soy una amatxu muy normalita, que va viviendo la vida con su pequeño aprendiendo poco a poco, y muchas veces de sopetón, en qué consiste esto de la crianza. Vamos, como cualquier otra amatxu.

    Así que cuando Eneritz me invita a escribir sobre ello, al principio se me hace un poco raro (y yo, ¿de qué hablo?), aunque también me hace ilusión ser una de las elegidas. Y cojo el boli y dejo que vayan saliendo las palabras mientras pienso en Aimar y en lo que ha traído a mi vida. Y ¡oye!, de repente un montón de ideas se pelean por salir y quedar plasmadas en el papel. Como si llevaran mucho tiempo escondidas y quisieran decirme: “¡Virginia, a ver si te enteras de todo lo que está pasando mientras cuidas de esta nueva vida!.

    Aimar llegó hace ya dos años, y sin darme mucha cuenta, poquito a poquito, me ha ido entregando los mejores regalos que podría desear. Cuando él nació, nacieron a su vez en mí un nuevo cerebro y un nuevo corazón, desde entonces, pienso y siento diferente. El castillo de naipes que era mi vida se ha ido deshaciendo poco a poco y estamos construyendo otro mucho más firme y bonito los dos juntos (bueno con ayuda de aitatxo y del resto de la familia también).

    Aimar me ha regalado CONFIANZA por partida doble. Me ha enseñado a confiar en mí (esa sensación de… ¡Anda!, ¡Pues lo estoy haciendo bien!, o por lo menos no muy mal. El txiki parece que va saliendo adelante a pesar del miedo/pánico inicial y del desconocimiento). Y sobre todo, me ha enseñado a confiar en él y en la Madre Naturaleza. Él solito dio la vuelta en el suelo, él se empezó a arrastrar, él se sentó, se levantó y empezó a andar. Con sus pequeñas manos se llevó la comida a su boca y la comió. Habla como una cotorra, corre, sube, baja, coge palos, juega solo, se acerca a otros niños…No ha necesitado, ni necesita, nada más que tiempo y que le acompañemos con nuestra presencia para ir creciendo como persona. Sí que es sabia la Naturaleza, sí.

    TIEMPO, otro regalo, gran regalo, que me ha hecho Aimar. No recuerdo haber parado de estudiar/trabajar desde… nunca. Y de repente llega este pequeño y algo dentro de mí me dice que hay que parar, que hay que estar con y para él, que él lo necesita, que los dos lo necesitamos. Entonces cojo una excedencia laboral y me dedico a acompañarle en esta etapa. Es cierto que es un trabajo muy duro y apenas me deja tiempo para mí, pero a la vez, me “obliga “a pasar tiempo descubriéndome a mí misma (desde mis bajos fondos hasta mis grandes virtudes) y al entorno que me rodea. Y es que el ritmo cambia. Si le sigo yo a él y no tenemos la necesidad de que me siga él a mí, tenemos tiempo para mirar lo que nos rodea, pasear por calles nuevas, observar el cielo, la tierra, los animales, las tiendas, la gente… en definitiva ser más conscientes del momento y disfrutarlo.

    Y en muchos momentos de siesta, cuando no me gana el sueño, tengo tiempo para reflexionar sobre todo esto que estoy viviendo y sonreírme a mí misma por lo feliz y plena que me siento.

    Un regalo más que me ha traído Aimar son PERSONAS, nuevas personas en mi día a día que me hubiera perdido de no ser por él. A algunas no las conoceré nunca, pero sus libros, blogs, sabiduría… me están ayudando muchísimo en esta aventura (Carlos González, Alvaro Bilbao, Rosa Jové, Julio Basulto, Alba Padró, EneAmatxo –a esta algo la conozco…, y muchos más). A otros los veo casi todos los días, son amas y aitas de otros niños y niñas que comparten tiempo y espacio con Aimar. Y yo comparto con ellos esta experiencia de maternidad. A veces nuestras ideas están en las antípodas, otras coincidimos totalmente, pero lo más importante para mí y lo que más me ayuda es darme cuenta de que todos lo hacemos lo mejor que podemos, con lo que sabemos en cada momento y sobre todo queremos lo mejor para los nuestros, solo por eso todos nos merecemos el mayor de los respetos. Cuidar un hijo no es nada fácil, los padres, al igual que los niños, necesitamos más apoyo, más ayuda y menos juicios.

    Claro que hay momentos duros, durísimos, soledad, agotamiento, sueño, mucho sueño, llorar y llorar, querer gritar y no poder, dudas, miedos, incomprensión, cuestionamientos… Todo eso está ahí, no hay que esconderlo ni negarlo. Hay que compartirlo también para que así no nos ahogue, para que duela menos y nos ayude a ver que también forma parte de nuestro crecimiento como padres y como personas.

    Además se pasa, todo eso se pasa. Luego regresa, pero se vuelve a pasar. Y para mí también ha sido un regalo de Aimar o así lo concibo desde la distancia.

    Seguro que hay más regalos escondidos que aún no he encontrado, pero bueno… ya irán apareciendo. De momento Aimar me lo está revolviendo todo para ponerlo en su sitio, para ayudarme a organizar las prioridades, mis valores, para hacerme más fuerte, más guapa, más segura, mejor persona y tremendamente feliz. Aimar es sin duda MI BUENA SUERTE.
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  • #24meses24familias Un año después del embarazo…

    ¡¡¡El 2019 ya está aquí!!! Y con él llega una nueva versión del #12meses12madres. Para mí ha sido un lujazo poder compartir los textos de 12 mujeres increíbles. No me cansaré de darles las GRACIAS a cada una de ellas por haberse animado a compartir con el mundo sus sentires y vivencias. Este nuevo año viene cargado de novedades, entre ellas el título, pasamos del 12 al 24, porque lo vivido sigue ahí y lo que hacemos es continuar con más experiencias sobre esta aventura de ser familia. 🙂

    Hoy os traigo las palabras de Iratxe, una amatxu que conocí en Kaboo cuando estaba embarazada. Nos conocimos hace más de un año y a día de hoy para mi sigue siendo la leche que cuando nos cruzamos ambas sonríamos al vernos la una a la otra. De lo poquito que la conozco puedo decir que es una de esas mujeres mágicas que me encantan. Sabe lo que quiere y lucha por ello. Su cara cuando mira a su txiki lo dice todo, oxitocina a mares. 🙂 Ver a Iratxe empoderada y en busca de información durante el embarazo y enamorada de su cría en el postparto, ha sido una de las cosas que me hacen seguir creyendo en este proyecto y recordar que otro mundo es posible. Otra manera de nacer, de amamantar y de criar es posible. Y sobretodo disfrutar de la maternidad es posible, ella es un ejemplo de ello. MILA ESKER por tu sonrisa Iratxe. Os dejo con sus palabras.

    Cuando Eneritz me propuso participar en su proyecto de 12 meses 12 amatxus no me lo pensé dos veces, lo que no sabía era que iba a ser tan difícil encontrar un hueco para escribir con un terremotillo de un año rondando por casa!. Aprovecho que lo tengo dormidito justo al lado (bendito colecho…) para escribir estas líneas y de paso preguntarme, ¿qué hacía yo con todo el tiempo libre que tenía antes de ser amatxu?. pero esa es otra cuestión…

    Bueno, por fin termina Diciembre y con él mi época del año más odiada hasta ahora, las «benditas» Navidades y sí ,digo bien hasta ahora porque este año las he vivido con los ojos de un niño que está empezando a descubrir el mundo y ha sido como volver un poco a la infancia. En casa hemos puesto hasta árbol de navidad!!, con lo anti adornos que yo era… Ioritz y la gata se lo han pasado en grande con las bolas y el pobre arbolito ha aguantado estoicamente todas las fiestas jejeje.

    Que distinto todo del anterior diciembre que andaba ya nerviosa pensando que en cualquier momento tendríamos al peque con nosotros!. Fue un embarazo muy deseado y sin complicaciones así que pude disfrutarlo de principio a fin. La verdad es que conecté con una parte de mí que hasta entonces no conocía, sentir cómo crece una vida dentro de ti es algo que no se puede explicar con palabras, ver como Ioritz crecía sano dentro de mi es lo más alucinante que he vivido nunca, notar sus patadas… Yo con mi barriga me sentía diosa! y pensaba que cuando no la tuviera la iba a echar de menos, en parte porque cuando el enano naciera lo iba a tener que compartir con el mundo (cosa que no me apetecía lo más mínimo…) y hasta entonces lo estaba disfrutando sólo yo. Si alguna embarazada lee esto seguro que me entiende y si es amatxu reciente todavía más…

    Los últimos meses llegaron los nervios, el querer ternerlo todo preparado, las dudas sobre si sabría reconocer las señales del parto, si conseguiría el parto natural que deseaba… Supongo que las mismas que nos surgen a todas en ese momento pero ningún miedo, tenía claro que era algo que tenía muchas ganas de vivir, sentía mucha curiosidad sobre cómo reaccionaría mi cuerpo y yo misma. Creo que preparé bien mi cuerpo haciendo yoga y aipap pero sobre todo intentaba tener la mente clara y no obsesionarme con el dolor del parto, cuando llegara  el momento ya se vería. Para mi, conocer a Eneritz fue un regalo y gracias a ella empecé a formar una idea clara de cómo quería que fuese el momento de tener a mi txiki en brazos por primera vez.

    Ya os he dicho que odiaba las navidades así que Ioritz me hizo un favor y me puse de parto el día de Nochevieja por la mañana (rompí aguas en plena calle) y nos pilló totalmente de sorpresa ya que se adelantó dos semanas. No tenía nada preparado pero, tal y como habíamos planeado, nos lo tomamos con calma, fuimos a ver a la familia, me di una ducha tranquilamente, cogimos lo necesario y al hospital!. Ingresamos a las 16:30 y a las 3:30 de la madrugada, nuestro pequeño estaba con nosotros. Fue un parto maravilloso, totalmente respetado, íntimo, para mi perfecto… y el momento de poder coger yo misma a mi pequeño saliendo de mi y ponerlo encima de mi pecho por primera vez fue mágico, ese piel con piel no tiene precio, todavía me emociono al recordarlo. Todos los dolores que podía haber sentido desaparecieron por arte de magia, ya sólo podía centrarme en esa cosita que descansaba sobre mi. Sólo tengo palabras de agradecimiento para la matrona que lo hizo posible.

    Si tuviera que dar un consejo a alguna futura amatxu es, sobre todo, que no tenga miedo pero que se informe, que la información es un arma muy poderosa y, ante todo, que se empodere y que grabe en su mente que no hay nada más poderoso que una mujer dando vida. Que nosotras podemos y que no permita que nadie estropee su momento.

    Ha sido un año muy intenso que no cambio por nada. Algunas veces se hacen duras las noches sin dormir y la lactancia puede resultar agotadora a la par que maravillosa pero ver como Ioritz crece feliz compensa todos esos momentos menos buenos. Esa sonrisa que me despierta cada mañana, esos bracitos pidiéndome que le coja en brazos, los primeros pasos, esas carcajadas o ver esos ojitos curiosos descubrirlo todo hacen que ser amatxu sea flipante. Y para esos momentos en los que el cansancio va haciendo mella hago mía una canción que un día me dijo Eneritz y me concentro en pensar que todo pasará y en RESPIRAR.

     

     

     

     

    iratxe

  • #12meses12madres Exitosa lactancia frustrada

    Comencé abriendo este 12 meses 12 madres con mi hermana gemela, y para terminarlo no podía hacerlo de mejor manera que con otra grandeeeee, Sagutxa. Laura llegó a mi vida hace muuuuuchos años gracias al grupo eskaut en el cuál estábamos las dos, las CAUSAlidades de la vida hicieron que mi primer año como monitora fuese con ella mano a mano (fue una gran compañera y sobretodo una buena “anfitriona” en ese nuevo camino que yo comenzaba). Aquel campamento juntas lo recuerdo con muchísimo cariño y sé que allí fue donde la vida nos dijo, “esto es sólo el comienzo, no os imagináis lo que os queda por vivir”. J Laura es una mujer muy conectada consigo misma, con sus incoherencias claro, esas las tenemos todas…jajajaja, pero tiene ideas claras e intenta vivir en consonancia con ellas y con el universo, ais… nuestro querido universo. Es una de mis amigas BRUJAS, y lo pongo en mayúsculas porque así es, somos de esas brujas de las que disfrutan de los akelarres. La maternidad ha vuelto a  unir nuestros caminos, y yo sólo puedo darle gracias por formar parte de esta nueva etapa en mi vida. GRACIAS sagu por cada palabra, cada gesto, cada risa, cada kontzertu, cada lágrima… Estoy segura que nos quedan taaaaantas y taaaaaaaantas cosas por vivir, que cuando seamos viejitas fliparemos del camino recorrido. Te quiero infinito bella. Muuuuuak. Os dejo con sus palabras llenas de sabiduría. Ella es una de esas mujeres para las que el comienzo de la lactancia no fue sencillo, pero a día de hoy tres años y pico después sigue dando el pecho a su peque. Como comento siempre, lo importante no es lo que ocurre en la salida, sino llegar  a la meta. 😉

    “Una pregunta que he tenido que escuchar una y otra y otra y otra vez, hasta el infinito y más allá desde que soy madre es la de “¿y es bueno?”, y yo que soy muy correcta, casi siempre he contestado con un “lo que un bebe (o niño, según la época en la que me pillara), ni bueno ni malo”. Al principio no le daba mayor importancia, pero hubo un momento que la preguntita empezaba a asquear y me plantee romper con mi buena educación y empezar a dar respuestas del tipo “¡¡siiii, muerde… y cuidado que la madre también!!”. Y ¿por qué empiezo el post así? Pues porque debo de reconocer que hubo un día en el que yo misma hacia esta pregunta y muchas otras dentro de la categoría “pedante-metomentodo”, como: “¿para cuándo los hijos, que se te está pasando el arroz…?, ¿duerme bien?, ¿y el segundo para cuándo?”, etc. Y es que sin lugar a dudas el embarazo, el parto, la crianza… me ha cambiado, porque ahora trato de tomar consciencia y no lanzar este tipo de misiles, ni relacionados con la crianza, ni relacionados con la vida de las personas. Y digo “trato”, porque lo que viene aprendido es muy difícil desprenderse de ello, pero lo importante es tomar consciencia y separarte lo máximo posible de esas acciones insalubres.

    Recuerdo, incluso que era de las que pensaba que cuando tuviera un@ hij@, lo llevaría lo antes posible a la guardería y  yo me reincorporaría pronto al trabajo, porque soy mujer y sería discriminatorio que yo me quedara en casa, ¿qué es eso de estar 1, 2 o 3 años sin trabajar para cuidar de tus hijos? (tan feminista que yo me creía en aquellos tiempos…), también era de las que pensaba eso de “yo si algún día tengo un@ hij@, a mí tampoco me va a cambiar tanto la vida, voy a seguir saliendo con mis amigos, haciendo planes, viajando, etc.”, cada vez que lo pienso…. ¡me alegro!, porque esto me sirve para entender a toda esa gente que piensa como algún día yo también pensé, y es que creo fuertemente que la sociedad está muy alejada de la crianza y de lo que supone ser madre/padre. Y para muestra un botón, hace poco he visto una serie en TV donde dos de los protagonistas tienen un bebe y me llama la atención la imagen que proyectan de lo que se supone que es ser madres/padres, todo es maravilloso, con muchos ratos para cultivar el amor, la casa está perfecta, continúan con su vida social y laboral como antes, el bebe se queda con otros familiares/cuidadores tan feliz,  etc. Y todo esto lo que hace es crear una falsa realidad de lo que verdaderamente ocurre cuando eres madre/padre, que los primeros meses tienes un bebe colgando del brazo, no tienes tiempo ni ganas a veces ni de peinarte, a las 12 de la mañana es posible que continúes en pijama y con la casa patas arriba, a  veces estas de mal humor o agotada, lo que menos te apetece es cultivar el amor, tus conversaciones con tu entorno son a fascículos porque tu hijo reclama tu atención, etc. Que si, que maternidades/paternidades hay como colores existen en el mundo… pero que en esta sociedad parece que ser madre/padre es un cuento de hadas, un camino de rosas… y sí mueres de amor, pero también mueres de agotamiento, pierdes tu libertad como persona y en muchos casos se pierdes hasta la pareja, porque tener un/ hije es muy sacrificado, y de esto muy pocas personas se atreven a hablar, porque es políticamente incorrecto que para una madre o un padre la maternidad/paternidad no sea un algodón de azúcar de pura felicidad.

    Y con esta “entradilla” únicamente quería poneros en situación, y es que mis creencias sobre la maternidad eran otras y me pegue la hostia, cuesta abajo, sin frenos, en mayúsculas y en negrita Arial 80. Cuando me quedé embaraza, inicié lo que yo llamo el “CAMINO AL EMPODERAMIENTO”, ¡la información es poder! y comencé a rodearme de mujeres sabias en grupos de crianza o en talleres, a leer mucho sobre el embarazo-parto-lactancia, sobre la parte afectivo-emocional (el ente madre-hije) y descubrí el poder que tenemos las mujeres para parir y a amamantar y que existen otras maneras de criar, la del RESPETO y el APEGO SEGURO.

    No obstante, no hay nada como la práctica para poder integrar todos esos conocimientos de golpe y porrazo, y es que nada salió como yo esperaba. No me había preparado para un parto super medicalizado (con oxitocina a cascoporro, antibiótico, epidural, etc.), ni para una cesárea no respetada, tenía grabado a fuego cosas como que el bebe a su paso por el canal del parto adquiere las bacterias que marcarán para toda su vida el aparato digestivo o que los primeros minutos son cruciales y de ahí la importancia de hacer la piel con piel al momento (sin que lo tengan que pesar ni ponerle guapo, que eso si puede esperar) o lo importante que es cortar el cordón umbilical cuando éste deje de latir para aprovechar el paso de la sangre y las sustancias beneficiosas que esta lleva, y no os quiero contar, lo duro, durísimo que fue separarme del padre de mi hijo cuando me metieron al quirófano. Después de todo esto, os podéis imaginar cual podría ser mi estado psicológico, sabiendo y siendo consciente realmente de todo lo que había pasado y del precio que tenía todo esto tanto para Oier como para mí y que nadie nunca jamás nos podrá devolver.

    Paso entonces a relataros cómo comenzó nuestra EXITOSA LACTANCIA FRUSTADA… Cuando Oier ya estaba con nosotros no quise dejarlo sobre la cuna del hospital, quise recuperar el tiempo perdido y sanar cuanto antes el daño causado, por lo que comencé a practicar el abrazo y el colecho desde el minuto 45, que fue aproximadamente el tiempo que tardamos en juntarnos todos. Y al día siguiente llegó el siguiente ¡ZASCA!… a Oier  le sube la bilirrubina, como a Juan Luis Guerra y tenemos que meterle en una especie de cuna-solarium con rayos UV y claro eso implicaba no poder tenerlo en brazos y mucho menos en el pecho… y aquí ya es donde liamos la marimorena, porque por supuesto que tampoco me había preparado para lo que se avecinaba, una lactancia frustrada. El choque emocional de todo lo vivido hasta ahora fue tan brutal, los miedos, las inseguridades, las hormonas, las emociones, los comentarios del entorno…. hicieron además, que la confianza en mí, en mi cuerpo y en mi propio hijo se desmoronara y eso marcó los inicios de la lactancia (yo no tengo leche, no soy capaz, no puedo, etc.) y claro comentarios como “este niño tiene hambre que está todo el día en la teta”, “no tienes leche que has tenido una cesárea”, ….pues no ayudan en absoluto. Y es que cuando estás embarazada e inicias el “camino al empoderamiento”, lo inicias sí, pero lo inicias tú sola, ni tu pareja, ni las personas que van a acompañarte lo hacen con la misma intensidad que tú, y si a eso le sumas las series de TV y gente que opina como yo antes opinaba, pues en una mujer “en camino al empoderamiento” pero sin llegar a estar empoderada del todo, en fase puerperio total, es como la bomba de Hiroshima y Nagasaki elevadas al infinito. Recuerdo los 5 días en el hospital metida en la sala de ordeño cada dos por tres porque mi preocupación infinita era que no me subía la leche y creía que necesitaba un cacharro automático que sacara leche como fuera por mis tetas. Fueron días de muchas luces y muchas sombras. También recuerdo nadar a contracorriente, con los sanitarios (porque muchos tienen 0 formación en lactancia), con mi pareja, mi familia… Sin embargo, una de esas grandes luces, fue la visita de Eneritz al hospital tras una llamada de auxilio, y es aquí donde tengo que hacer un alto en el camino y decir que agradezco infinito a la vida y al universo por ponerme delante a personas como ella, con esa sensibilidad, que vino a recogerme, a abrazarme, a escucharme y a repetirme que CONFIARA EN MI. Reconozco que al principio no entendía muy bien lo que trataba de transmitirme, pero el “camino al empoderamiento” ha hecho que a día de hoy, habiendo pasado por lo que hemos pasado, entienda verdaderamente lo que esta gran mujer quería transmitirme, y es que esta sociedad en la que vivimos y su sistema patriarcal nos invita a NO confiar en nosotras, a que creamos que necesitamos a un tercero (ginecólogo o un equipo médico o un ordeñador automático de última generación) que nos vaya diciendo lo que tenemos que hacer para dar a luz y para amamantar, y si nos ponemos también para criar, porque necesitamos que un educador lleve a nuestros hijos al éxito… y no nos damos cuenta que el verdadero éxito es educar personas emocionalmente inteligentes. Sin darnos cuenta, nos hemos alejado de lo natural, que es, que las mujeres sabemos parir desde los inicios de los inicios, y sabemos amamantar y sabemos criar, tan solo tenemos que escucharnos y CONFIAR EN NOSOTRAS, en nuestros cuerpos y en nuestras capacidades. Me voy a ir por las ramas, lo sé pero es que todo está conectado, y hay tanto que decir, tanto que soltar…

    Retomando el tema de nuestra EXITOSA LACTANCIA FRUSTADA, tuvimos que estar en el hospital 5 días porque a Oier como os he dicho le subió la bilirrubina, y si recordáis veníamos de un parto supermedicalizado (si no habéis leído algo acerca de los efectos negativos de la oxitocina sintética en la lactancia, os invito a indagar en ello), cesárea no respetada sin piel con piel con su madre (esto también es vital para la lactancia), cuna UV con reducido tiempo para abrazar y poner al pecho a Oier, biberón desde el segundo día porque uno de las causas de la subida de la bilirrubina es la bajada de peso y había que subir el peso de Oier, madre desesperada en la sala de ordeñadoras automáticas en el hospital porque pensaba que no nunca le subiría la leche (el estrés mental también afecta a la lactancia), comentarios que poco ayudaban (de sanitarios y resto del entorno)… todo eso sin lugar a dudas marco nuestra lactancia. Además, me sentía súper culpable, porque tampoco estaba preparada para darle biberones a mi hijo, y es que cada biberón que le daba sentía como si lo envenenara… así como os lo cuento, porque creo firmemente (y si indagáis en el tema encontrareis también evidencia científica) que en los primeros minutos y meses y años de nuestras vidas es donde el PRIMER CEREBRO, el sistema digestivo, asienta sus bases y la alimentación de estos primeros años marcará la gran diferencia entre un sistema digestivo sano y otro no tan sano, y el sistema digestivo es el motor que pone en marcha otros sistemas, el inmunitario entre otros. Pasar por el canal del parto como os he contado es vital porque se define la flora bacteriana que vivirá con nosotros para siempre hasta el día de nuestra muerte y nacer por cesárea implica que esto no sucede y que además tu cuerpo integra en su organismo bacterias del propio quirófano. Por otro lado, la leche materna está más que demostrado que es ORO LIQUIDO cargado de sustancias inmunitarias y otras de altísimo valor alimenticio. Tuve entonces que resignarme a pensar que el biberón sirvió simplemente para poder salir del hospital porque Oier tenía que ganar peso. Si eres una madre o un padre que está pasando por una lactancia mixta o artificial, siento que esta parte donde hablo del biberón no ayude mucho, pero es así como lo siento. Salimos del hospital con lactancia mixta y así seguimos durante el primer año, a pesar de que intenté por todos los medios eliminar por completo el biberón. Más adelante, iré aportando algunas de las cosas que hice y tuvieron un efecto muy positivo en la lactancia.

    Salimos del hospital y ya en casa, tratamos de ir reduciendo la toma de biberón, pero los lloros de Oier y la insistencia por parte de mi pareja y hasta de mi madre (naturista nivel Dios) hacen que desista y las tomas de biberón continúan. Semanalmente acudimos al pediatra a controlar el peso, ya que Oier no consigue recuperar el peso del parto (4 kilazos, aunque si indagáis en ello también encontrareis evidencia científica sobre la recuperación del peso de un bebe recién nacido, y es que en el parto, y más en uno supermedicalizado, una parte del peso inicial se debe a la retención de líquidos, pero esta parte es más extensa y no me quiero alargar en el tema). Es entonces, cuando acudo a varias asesoras de lactancia. Una de ellas, diagnostica un posible frenillo, bueno ya sabemos a lo que nos enfrentemos, Oier no succiona todo lo bien que debería y por tanto el pecho no está produciendo a su máximo rendimiento. La otra asesora, indica que hay que compensar lo que Oier no succiona con sacaleches, es decir, estimular el pecho. Me compro entonces el sacaleches doble de la marca Medela automático, que merece mucho la pena comprarlo, mitad de tiempo y doble estimulación (dos pechos trabajando a la vez funcionan mejor que uno). Lo del sacaleches a mí personalmente, he de decir que me generó mucho estrés ya que no sacaba mucha leche y esto no quiere decir que tu pecho no produzca leche, pero psicológicamente es muy estresante. Otra de las asesoras nos recomendó utilizar relactador y eso hicimos, al principio probamos a hacerlo casero con una sonda normal pero salía mucha leche por lo que finalmente después de varias pruebas, compré el de la marca Medela que trae sondas muy finas y súper contentos. Con un relactador el bebe en lugar de tomar la leche en un biberón la toma en tu pecho y a su vez se estimula. Otra cosa que también recomiendo es en el caso de utilizar biberones comprar el anticólicos de la marca Medela también, ya que el bebe tarda más en tomarse todo el biberón y suelta menos gases. Estoy pensando que voy a pedirle a Medela una comisión por la publicidad…jeje. Y otra recomendación más, si me permitís, es que en el caso de utilizar leche artificial, comprar una con etiquetado en agricultura ecológica, porque es la garantía de que el ganado ha sido medicalizado lo menos posible y los piensos suministrados no son transgénicos. Nosotros hemos comprado siempre la leche en la herboristería, hasta el año leche de vaca, después leche de cabra y finalmente leche de avena y almendras.

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    Voy terminando, pero antes quiero deciros que para mí lo más, lo más importante es CONFIAR EN TI, EN TU CUERPO Y EN TU PEQUE. Realmente, hay muy pocos casos en los que una mujer no puede amamantar y suele deberse a problemas médicos. Hay bebes que tienen frenillo y esto también puede afectar a la lactancia pero con una buena asesora de lactancia es posible hacer frente a esto. Para poder confiar en una misma es importante disponer de información veraz que te empodere, de una buena tribu de comadreo y pasar de los comentarios de profesionales/personas que no tienen la menor idea del tema. Esta vida va muy rápido, y nos cuesta parar, reflexionar, meditar. El paradigma debe de cambiar, y creo que a paso lento, pero algo está cambiando, cada vez hay más hospitales que practican las cesáreas respetuosas (permitiendo realizar la piel con piel y la presencia de la pareja), empiezan a cambiar la idea de que el equipo sanitario acompaña el trabajo del parto y no lo dirige, hay incluso sistemas sanitarios que cubren la asistencia médica de partos en casa, cada vez hay más matronas formadas en lactancia, etc.

    Por último… de nuevo, gracias Eneritz, no sabes lo importante que has sido en todo este proceso, sin lugar a dudas en gran parte tú has sido responsable de que no tirara la toalla, siempre animando, dando confianza y empoderando… y gracias a ello aquí seguimos 3 años después lactando… Por ello y por mucho más ¡¡¡VIVAN LAS EXITOSAS LACTANCIAS FRUSTADAS!!

  • ¿Qué tal? Bien… jodida

    La típica pregunta de «¿Qué tal?» y a te sale responder «bien…» lo que no nos atrevemos a decir es la segunda parte, ese «bien jodida». Siento que el bien me sale como automático, generalmente no me planteo mucho más, si estoy cansada, si estoy feliz, triste, contenta, decepcionada, ilusionada, no pienso verdaderamente en ese «¿cómo estoy?» y ante esa pregunta suele salir simplemente el BIEN. Es como si esta sociedad no estuviera preparada para escuchar «Estoy deprimida», «Estoy frustrada» «Estoy inquieta», «Estoy ansiosa»… Sólo esperamos escuchar sentimientos «bonitos» o lo que consideramos emociones «buenas» (lo pongo entre comilas poruqe ya se sabe que no hay buenas ni mala emociones TODAS son necesarias en un momento u otro)

    Mientras escribo estas líneas noto como mi ojo tiembla. Esto me pasa cuando estoy hasta arriba, cuando el agotamiento físico me desborda, cuando duermo poco, también cuando paso muchas horas delante de la pantalla. Me ha pasado en pocas ocasiones, diría que máximo 4 veces en toda mi vida, pero siento que cuando llega es cuando el estrés se apodera de mí. Soy consciente que mi cuerpo me habla, lo que pasa que yo no le escucho… No me interesa escucharle, porque si lo hago tendría que bajar el ritmo o parar. Yo sigo con mi día a día, con mis tareas, diferentes quehaceres, el trabajo, el cuidado de Ekhi, las tareas del hogar, mantener vivas las relaciones con familiares y amigas… ¿y yo? ¿dónde estoy yo?

    Dónde estoy y cómo estoy… esas son las preguntas que verdaderamente importan pero que yo no quiero contestar. Mi cuerpo grita lo que mi mente intenta callar, me es más fácil no escuchar que estoy triste, que me siento decepcionada, que estoy en un momento en el que todo cuesta (cuesta mucho)… Y ahora mismo me escudo en que tengo mucho trabajo, que necesito el dinero, que no puedo parar que el ritmo del día a día es lo que tiene y cuando la gente me pregunta qué tal estoy y contesto bien me he dado cuenta que no me siento agusto así que últimamente mi respuesta es «estoy viva que no es poco».

    Hace unas semanas tuve un accidente con el coche porque derrapé en la nieve al frenar cuesta abajo. Iba a 30 por hora, y fue algo muy leve, de hecho mientras el coche se deslizaba cuesta abajo yo decía «no, no, no no». recuerdo ese momento como si fuera ahora mismo, no fue nada grave pero lo suficiente para ser consciente de la importancia de estar viva. En cuanto coche paro lo único que pensé fue eso «Ene ¡ESTÁS VIVAAAA!»
    Simplemente por esto, me siento afortunada. Pese al estres, el agotamiento, la presión sobre mis hombros… me siento afortunada. Afortunada de estar aquí, afortunada de seguir adelante, afortunada de poder abrazar a Ekhi, afortunada de reírme con mis amigas y de llorar cuando la ocasión lo requiere, afortunada de tener una familia que me apoya, afortunada de trabajar en aquello que me apasiona, afortunada por tantas y taaaaaaaantas cosas.

    Hay ratitos en los que la vida se convierte como en un laberinto donde no encontramos la salida y todo cuesta, el seguir caminando cuesta… En esos ratos lo que me ayuda a seguir es pensar que «esto también pasará». La vida es corta asique ACEPTAR estas sombras y disfrutar de las luces es clave. ¡Vamos a por ello!

    laberinto

  • #12meses12madres Madre no hay más que una… ¿seguro?

    Conocí a Marta y a Maria en los talleres de Kaboo y para mí ha sido un lujazo ir viendo cómo han ido evolucionando en esta aventura de ser familia. Ver a su txiki cómo ha ido creciendo y cómo ellas han ido saboreando este camino para mi es un placer. En este #12meses12madres mi intención es mostrar las diferentes vivencias sobre la maternidad, y me apetecía contar con ellas que son dos madres en una misma familia. 🙂 Aprovecho para darles las GRACIAS por animarse a mostrar su vivencia en el blog ojalá sea pronto cuando seamos capaces de entender que hay diferentes familias y que todas las maneras son igual de válidas.

    ¡¡Hola familias!!

    Somos Marta y María, las amatxus de Oier, un bebe de 6 meses.

    Después de varios años de relación, nos decidimos a ampliar la familia. No fue una decisión fácil, teníamos muchas dudas y miedos (como la mayoría de las familias). Nosotras nunca nos hemos escondido por nuestra relación, pero que le repercutiera a nuestro hijo era uno de nuestros miedos.  Aunque si es cierto que la sociedad está avanzando, sigue quedando mucho camino por recorrer y por eso creemos que es muy importante educar en la diversidad.

    Cuando ya superamos todos esos miedos, o gran parte de ellos, nos hicimos la primera pregunta: “¿Quién de las dos se quedaría embarazada?” (Es lo bueno de tener dos úteros en la familia). María tenía muchas ganas de ser amatxu, pero no tenía la necesidad de quedarse embarazada, en cambio yo sí que tenía la curiosidad y la ilusión de hacerlo. Así que una vez resuelta esta duda comenzamos con el tratamiento de reproducción asistida.

    Este proceso se nos hizo muy lento y largo, pero el resultado mereció la pena. ¡¡Al fin estábamos embarazadas!! Desde este momento ya comenzamos a crear un vínculo con nuestro bebe, María le hablaba y le cantaba mucho. Fue muy emocionante notar sus primeras patadas.

    Meses más tarde y tras un parto rapidito, ¡¡Oier ya estaba con nosotras!!  Por fin éramos amatxus. A la hora de registrar al niño también nos surgieron dudas por si nos pondrían pegas a la hora de aparecer las dos como amatxus. Al estar casadas todo fue más fácil y no tuvimos ningún problema.

    Llego el momento de irnos a casa, comenzar a conocernos l@s tres…empezaba la verdadera aventura de la maternidad…

    La vida nos ha cambiado por completo de 6 meses a aquí, ahora nos pasamos el día cambiando pañales, jugando en el suelo, dando largos paseos, consolando lloros, durmiendo poco, riéndonos a carcajadas, abrazándonos y besándonos mucho…

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    En este sentido os adjunto un vídeo de @ohmamiblue donde se habla de lo que supone ser dos madres, algunas ideas y reflexiones interesantes. Si todavía no las conoces te invito a seguirlas en redes porque hacen un trabajazo por visibilizar aquello que por desgracia en muchos lugares se intenta ocultar.

    Video Oh mami blue : https://www.youtube.com/watch?v=peTjOk2MgT0&feature=youtu.be

    Facebok: https://www.facebook.com/ohmamiblue.spain/

    Como veis, somos una familia más, con nuestras diferencias y peculiaridades pero todas buscamos el mismo fin: Ser felices y hacer felices a l@s nuestr@s.

  • #12meses12madres De un primer parto robado a un segundo respetado. 🙂

    El año va llegando a su fin, pero el #12meses12madres es fiel a su cita cada 18 de mes. 😉 Hoy os traigo un relato muuuuuuy especial. No es mi parto, ni he vivido en mi piel lo que esta amatxu, pero puedo imaginarme lo que supone y cuando tuve noticias de su segundo parto la alegría inundó todo mi cuerpo y me alegré como si hubiese sido yo…jejejejeje. Silvia es una amatxu que conocí en la piscina, cuando iba a AIPAP (preparación al parto en el agua) durante el embarazo de Ekhi (nos conocíamos de vista del barrio, pero «oficialmente» nos conocimos dentro del agua con nuestras barrigotas), las conversaciones en la pisci, en el vestuario y varias encuentros después hicieron que nuestra vida cogiese caminos similares. Para mí Silvia es una de esas personas que aunque no veo a diario, no importa, cuando coincidimos me hace ilusión verla y saber qué tal va todo. Ambas tuvimos nuestro primer parto frustrado, ambas íbamos con unas expectativas y las dos nos dimos la hostia… Quizás sea eso, que el dolor vivido (y no me refiero a las contracciones) y ese malestar emocional nos unió… Desde aquí quiero darle las gracias por animarse a escribir estas líneas y sobretodo por acceder al cambio que le pedí. El directo es lo que tiene y siento que ella ha sido muy generosa conmigo en este momento, contando su vivencia aquí. MILA ESKER Silvia. Estoy segura que la vida nos seguirá juntando en este camino de ser amatxus, mientras tanto te deseo lo mejor. Besarkada erraldoia para toda la family. Aquí os dejo con su historia:

    Dos  días después del nacimiento de Nikole en nuestra casa, Eneritz contactó conmigo para proponerme contar mi historia en su blog. En ese momento no lo dudé, ¡claro que sí!, me sentía en la obligación de contarlo ya que a mí los relatos de otras mujeres incluidos los de Eneritz me ayudaron mucho en mi camino. Yo también quería hacerlo, con solo poder ayudar a una sola mujer ya era suficiente asique con un poco de vergüenza por exponer mi intimidad empiezo a contar  mi historia.

    En 2014 me quedé embarazada de primer hijo, tuve un embarazo fantástico y el día del parto lo esperaba con ganas, no tenía miedo y confiaba mucho en mí. Pero el día del parto no llegaba, pasé la semana 40 y la 41 y finalmente me dieron fecha de inducción para el día 41+5. Llegó el día, estaba triste porque no había podido experimentar lo que era ponerse de parto y sabía que ya no iba a ser lo mismo, que mis expectativas de parto se caían y que ya no iba a poder tener el parto deseado. Eso era lo que me habían dicho, que una inducción ya no era lo mismo y que no lo iba a poder hacer sin epidural, poca explicación más me dieron al respecto.

    La inducción, a pesar de que aparentemente todo iba bien, acabó en cesárea de urgencia. Después de dilatar por completo, esperar unas 3-4 horas a que Hodei bajara e intentar sacarlo con fórceps, la ginecóloga me dijo que tenían que hacer una cesárea. En ese momento y sin yo saberlo mi vida cambió para siempre, la cesárea fue “bien” pero nadie me decía nada, oí llorar a un bebe sin saber hasta un rato después que era Hodei, y esto mientras una enfermera intentaba quitarme el anillo del dedo con un hilo haciéndome un daño horrible, tanto que tuve herida y marca en el dedo durante unos días, no consiguió sacarlo. Me lo acercaron a la cara ya limpio y vestido llorando, no le pude tocar porque estaba atada, cuando le dije algo me miró sorprendido y dejo de llorar, pero enseguida lo pusieron en algún sitio detrás de mí. Mientras le oía llorar, preguntaba cuanto faltaba para terminar pero nadie me contestaba, tenía ganas de vomitar. Media hora después cuando terminaron de coser me lo pusieron en el pecho y fuimos a la habitación donde nos esperaba Angel, su padre, que había pasado el  peor rato de su vida, sin que nadie se dignara a acercarse y decirle algo, que todo iba bien o lo que fuera, tuvo que ver como todo el mundo corría a preparar el quirófano, sin saber lo que pasaba ni si estábamos bien.

    A partir de aquí y durante un postparto bastante duro me empecé a cuestionar todo, ¿Qué había pasado?, ¿Realmente salvaron la vida de Hodei?, ¿La mía?, ¿No hubiese conseguido parir sin intervenciones?, ¿Y si no hubiera ido a la inducción?, ¿Era necesaria?. Empecé a leer, a informarme, a ir a grupos, conocí El Parto es nuestro y Apoyocesareas y poco a poco fui dándome cuenta de lo que había pasado. Por un lado, había sido sometida a una cirugía mayor porque sí, porque no se confía en las mujeres para parir, mejor calladas y sumisas que no tenemos ni idea, ellos sacan a nuestros bebés, ¡tranquilas!. Por otro lado, no había sido consciente de las consecuencias que tienen las intervenciones que se hacen en los hospitales por protocolo y que desgraciadamente están muy normalizadas. Estuve dos meses después del parto con unos dolores que no me dejaron disfrutar ni de la lactancia ni de nada, y me dí cuenta que nadie entendía por lo que estaba pasando. Yo estaba “bien”, Hodei también, ¿Qué mas quería? Estaba sola y como yo cuantas mujeres… una pena.

    El tiempo fue pasando y con él, las ganas de llorar cada vez que contaba mi parto, estaba atravesando un duelo, el duelo por el parto robado, con todas sus correspondientes fases. Y dos años y 5 meses después de aquel día me volví a quedar embarazada, esta vez todo era diferente, yo era otra, más empoderada y con mucha más información, aún así todavía tenía trabajo que hacer para conseguir el parto deseado; informado, respetado y mío, nuestro.

    Lo primero que hice fue contactar con la profesora de yoga para apuntarme a sus clases para embarazadas, sabía que de alguna manera quería ser acompañada por ella, a la cual conocí en la formación de asesoras de lactancia que hice un año atrás aproximadamente. Sentía que toda la información y apoyo que necesitaba podía ofrecérmela y unas semanas después Angel y yo decidimos contratarla como doula. Esta vez no quería que nada estropeara el momento y decidimos que el día del parto sería un gran apoyo por lo que pudiera pasar, también tenía miedo de volver al hospital y poder contar con ella ese día me dejaba más tranquila.

    Según pasaba el tiempo me asustaba cada vez más la idea de tener que ir al hospital, sabía que los protocolos con cesárea anterior no me favorecían en nada y que era muy difícil librarse de las intervenciones, con lo que esto suponía. No quería que volviera a pasar lo mismo, no quería otra “in-necesarea”, quería parir yo, sentía que no podía ser de otra manera. La idea de parir en casa me rondaba por la cabeza pero mi parte racional la apartaba porque aunque había leído mucho al respecto y me parecía una opción estupenda no me atrevía a dar el paso. Qué pensarían mi familia, amigos, entorno, matrona etc. ¿y si algo no salía bien? Lo que tendría que escuchar… Aún así cada vez que pensaba en el día del parto me veía en mi casa, no me veía otra vez en el hospital, no me sentía con fuerzas de tener que “pelear” con ningún sanitario ni tener que esperar a la suerte para que me tocara alguien que me respetara y acompañara durante el parto que yo quería. No quería volver allí y sabía que esta era una oportunidad, seguramente la última, que no podía dejar escapar ni dejar en manos de la suerte ni de nadie. Era mi momento, el lugar donde me sentía segura era mi casa y finalmente Angel y yo lo pensamos y decidimos intentarlo.

    Le conté a nuestra doula la decisión y empecé a buscar matronas, no había tiempo que perder porque suelen tener las fechas bastante ocupadas y yo ya estaba de 15 semanas. Un par de equipos me dijeron que no podían, pero finalmente Silvia y Dani, decidieron hacer equipo y atender y acompañar nuestro parto. Estaba contenta, pero decidimos no decir nada a la familia, al final no sabíamos cómo iba a transcurrir el embarazo y si finalmente lo conseguiríamos. Al fin y al cabo lo íbamos a intentar, si al final había alguna complicación tendríamos que ir al hospital, pero ya con un motivo real o por decisión nuestra.

    Tras una primera visita de Dani y concretar cosas, preguntar dudas etc. decidimos seguir hacia delante por ambas partes. A partir de ahí el embarazo transcurrió con normalidad, todos los controles estaban perfectos y Dani y Silvia iban haciendo las visitas acordadas para seguir resolviendo dudas y preparar el momento, ellos me transmitían tranquilidad y confianza. De mientras, las clases de yoga y los libros que iba leyendo iban empoderándome cada vez más, no tenía miedo, es más quería que llegara el momento para poder parir, quería parir. Cada vez estaba más segura de que era la decisión correcta, además el hospital siempre estaba ahí, si algo se salía de la normalidad acudiríamos sin problema.

    Uno de los puntos tratados con las matronas era, llegar a la fecha de inducción que me daban en el hospital sin haberme puesto de parto como la otra vez. ¿Qué haríamos? ¿Qué quería hacer yo? Al final había muchas posibilidades de que se volviera a repetir y esto me daba bastante respeto. ¿Me negaría a la inducción? No había dicho nada a mi matrona ni a ninguna ginecóloga de mi intención de parto en casa, no quería sermones ni ser juzgada. Y si esta fecha llegaba y no me presentaba en el hospital tendría que dar explicaciones, que aún estando en mi total derecho sabía que podría ser presionada mediante el miedo para acudir a una inducción. En mi caso, una inducción era lo peor que me podía pasar, forzar de una manera artificial a mi cuerpo para parir con una cicatriz en mi útero aumentaba las probabilidades de una segunda cesárea.

    Unos días antes de cumplir la semana 40 empecé con un catarro bastante potente, muchos mocos, dolor de cabeza y tos, ¡no podía ponerme de parto así!, pensaba. Todo el embarazo estupendamente y al final me tengo que poner enferma…los días pasaban y yo no mejoraba. De repente en la semana 40+6 mientras estábamos esperando para sentarnos a comer en un restaurante empiezan unas contracciones un poquito fuertes cada 5 minutos, nos ponemos nerviosos y no sabemos qué hacer, si quedarnos a comer o marcharnos. Así estuve durante 2 horas y cuando ya habíamos decidido volver a casa se fueron pasando y ya no volvieron. Pasaban los días y yo seguía tosiendo y bastante mal, las matronas me daban consejos para intentar evitar la inducción y  tranquilizarme pero volvía a pasar lo mismo, no me ponía de parto…. Finalmente, llegó la visita a la ginecóloga de la semana 41+2 que me hubiese gustado evitar, ya no me encontraba tan mal y había dejado de toser y de tener mocos pero por lo demás seguía sin novedades, ninguna contracción. En la ecografía todo estaba correcto y le dije que no quería tacto, aceptó, pero la fecha de inducción no pude aplazarla, tampoco lo peleé mucho, es increíble cómo nos empequeñecemos en estas situaciones. Ya tenía el papel con fecha y hora de la inducción en la 41+5 como la otra vez, estaba triste porque la historia se volvía a repetir. Pero esta vez y después de hablarlo con las matronas tenía decidido que no acudiría a la cita por lo menos hasta cumplir la semana 42.

    El día siguiente lo pasé bastante revuelto, muchas contracciones y dolor pero muy suave y a la tarde noche salí a dar un paseo, mi cuerpo me lo pedía. Llegué a casa, cené y me fui a la cama, otro día mas, pensé. Pero a las 2:30 de la madrugada las contracciones me despertaron y ya no pude dormir, me fui al salón sin decirle nada a Angel, las iba sobrellevando de rodillas apoyada en el sofá, eran bastante regulares cada 6-9 minutos. Sobre las 5:30 decido avisar a las matronas y a nuestra doula y Angel se levanta, parecía que la cosa estaba en marcha. Me preguntan si estamos bien y si queremos que vayan ya, de momento les digo que estamos bien y que les informo de cómo transcurre. Sobre las 8:30 expulso el tapón y las contracciones se vuelven más fuertes, aviso  las matronas y se ponen de camino. Voy sobrellevando las contracciones bastante bien, duelen pero las aguanto, ¡estaba pasando! ¡estaba de parto! Y era tal y como lo imaginaba. Hodei ya se había despertado y me miraba extrañado, desayunó y según Angel y él salieron por la puerta para ir a la ikastola Dani llegó. Auscultó a Nikole y todo estaba bien, las contracciones era ya cada 4 minutos, enseguida vuelve Angel.

    Voy sobrellevando las contracciones apoyada en el sofá, de rodillas y en la pelota y sobre las 11 llega Silvia, van a auscultando a Nikole a menudo y todo está bien. Me ponen unos paños en los riñones que me alivian bastante pero empieza a doler con más intensidad sobre todo en la zona de abajo, me quito la ropa de cintura para abajo y Dani me sugiere entrar en la piscina que un poco antes había montado a toda velocidad. Aviso a nuestra doula para que venga y ya no hablo,  entro en mi mundo, no sé muy bien lo que pasa a mi alrededor. Angel avisa a sus padres para que se hagan cargo de Hodei pero no les dice nada más, hasta que no haya nacido no queremos decir nada. Mi madre llama también para preguntar si hay novedades pero Angel no le cuenta nada tampoco.

    A las 12:30 ya en la piscina parece que me alivia bastante el agua caliente que me va echando Angel por encima, estoy sentada pero debido a la intensidad de las contracciones me pongo de rodillas apoyada en el borde de la piscina, agarro a Angel en cada contracción y ya no lo suelto. Llega nuestra doula con cara de sorpresa porque la cosa estuviera tan avanzada (la verdad es que no me esperaba que fuera a ir tan rápido, o eso me parecía a mi por lo menos). El dolor es muy fuerte, siguen controlando a Nikole y yo empiezo a tener la sensación de que no puedo, el dolor es tan fuerte que me paraliza. Digo que no puedo, pero según lo digo me doy cuenta de que está pasando, de que había llegado ese momento en el que todas decimos ¡no puedo!, sabía que sí podía y ya no lo vuelvo a repetir. Estoy muy bien acompañada, están ahí y me encuentro súper segura y cómoda, de repente noto como se rompe la bolsa y al de un rato empiezan los pujos, van solos, mi cuerpo empuja sin que yo pueda hacer nada, Dani me dice que si quiero me puedo quitar la camiseta para recibir a Nikole y pienso ¿ya? ¿esto ha sido todo?. Pero sigo empujando con todas mis fuerzas en cada contracción y viendo que la cosa no avanza, sobre las 15:00 me sugieren salir de la piscina para cambiar de posición. Ahora era diferente, era algo más consciente de lo que sucedía a mí alrededor y ya no era el mismo dolor de antes, mi cuerpo no paraba y en cada contracción empujaba unas 3 veces que iban de menor a mayor intensidad.

    Durante la fase de pujos me puse en varias posturas pero la que más me ayudaba y en la que más sentía que Nikole iba bajando era agarrada a un columpio que teníamos puesto en el pasillo para Hodei. Pero así no podía estar mucho tiempo, estaba agotada y había ratos que los pasaba tumbada de lado en el sofá para descansar, me temblaban las piernas y sentía que se me acababan las fuerzas. Las contracciones no paraban y en el sofá me sujetaban las piernas mientras yo me agarraba a Angel, de esta manera podía descansar un pelín para volver a coger fuerzas para levantarme e ir de nuevo al columpio. Se estaba haciendo eterno, no podía mas, empecé a tener un poco de miedo, estaba volviendo a pasar lo mismo que con Hodei, Nikole no bajaba y estaba pasando mucho tiempo, la idea de desplazarme al hospital se me pasaba por la cabeza porque no sabía si lo que estaba pasando era normal. No por favor, pensaba, ¡que salga ya!, no podía más…Dani me decía que la cosa avanzaba pero que muy poco a poco y los demás me tranquilizaron también, todo estaba bien, me decían que Silvia y Dani no seguirían allí si algo no iba bien. Muy poco a poco notaba como Nikole bajaba y en una de las veces que estaba tumbada en el sofá noto como la cabeza de Nikole asoma, la cara de nuestra doula cambia y le sale una sonrisa, ¡estaba ahí! Quería empujar con todas mis fuerzas para que saliera ya, pero para la siguiente contracción Silvia me sugiere sentarme en la silla de partos, me levanto y me siento en ella. En la siguiente contracción empujo con todas mis fuerzas, noto como sale la cabeza, quema y duele bastante pero no me importa, ¡que salga ya!, pienso, y por fín, sale la cabeza, la veo y no me lo puedo creer, ¡estaba ahí!, ¡la he visto!, ¡la he visto!, digo. Y ya en la siguiente contracción nace Nikole a las 18:05, Dani la sostiene y me la pone encima, lloro, llora Angel que estaba detrás de mí y que no me había soltado en ningún momento y lloramos todos ¡yo creo!

    Partorespetado

    Miro la cabeza de Nikole asombrada por el bulto que tiene, parece ser que no estaba muy bien colocada y por eso había sido tan largo y duro el expulsivo, pregunto si en un hospital hubiesen intervenido antes de darnos nuestro tiempo y me dicen que sí. Pero estábamos en casa, lo habíamos conseguido solas, con la mejor de las compañías, en un parto duro pero respetado e íntimo.

    Después de un rato y de que Nikole cogiera el pecho, me vuelvo a tumbar en el sofá a esperar a que saliera la placenta, parecía que no quería salir y Silvia me sugiere volverme a poner en la silla de partos, me levanto y cuando me siento con la siguiente contracción sale la placenta, todo está bien, lo habíamos conseguido. Ahora sí, le digo a  Angel que avise a nuestra familia, ¡no se lo van a creer!, pienso.  De mientras todos recogen sus cosas y se van, y quedamos en que al día siguiente se pasaría Dani para rellenar papeles y controlar que todo siguiera bien.

    Enseguida llega la familia, decidimos que mi suegro se quede con Hodei porque ya era  tarde para él y porque yo necesitaba descansar, al día siguiente por la mañana subiría a conocer a su hermana. Se lo toman muy bien, conocen a Nikole y están un rato mientras yo me aseo y me visto y por fin cuando se van, Angel, Nikole y yo nos vamos a la cama a descansar.

    Ya está, lo habíamos conseguido, sabía que podía y lo logré. Gracias, gracias a todas las mujeres que sin conocer me transmitieron fuerza y confianza, a las matronas que luchan por los partos respetados y sobre todo a Dani y Silvia (sin ellos no hubiese sido posible) que hicieron que ese día todo fuera perfecto, a nuestra doula, por estar ahí, por sus clases de yoga, por sus conocimientos y consejos. A todos mis amigos, amigas y compañeras de yoga que no me juzgaron por mi decisión y a la familia que no reprochó nada. Pero sobre todo a Angel que en todo momento confió en mí, que no dudó ni un solo momento de que lo podíamos conseguir, que me apoyó en todo momento y que el día del parto lo dió todo, fue mi apoyo para sobrellevar el dolor de la mejor manera posible, dolor que ahora después de que ha pasado el tiempo lo recuerdo como un dolor gustoso.

    Y como no, Eskerrik asko Hodei! siento mucho que nuestro encuentro fuera como fue, no hay día que no piense en que no hubo derecho a que nos pasara lo que nos pasó. Pero gracias a ti, ahora soy otra, tú me has enseñado muchas cosas y gracias a ti, tu hermana ha tenido el mejor recibimiento posible, un recibimiento respetado y en paz. Eskerrik asko laztana, maite zaitut!

  • #12meses12madres Mi lactancia, una carrera de fondo.

    Meritxell es una de esas amatxus que Ene amatxo ha traido a mi vida. La conocí en el primer curso de masaje infantil que impartí en Kaboo, de eso hace ya dos años y desde entonces nuestras vidas han ido juntándose en diferentes momentos. En esta última etapa en la parte de las relaciones sentimentales parece que vamos por el mismo camino asique en ella he encontrado a alguien que comprende a la perfección lo que siento y estoy viviendo. Desde aquí sólo puedo dar GRACIAS por sentirme rodeada de mujeres tan luchadoras como ella. No tengo ninguna duda de que esto es sólo el comienzo de una bonita amistad. Os dejo con ella y su vivencia de la lactancia. Para mí el mensaje es clave, y así lo transmito cuando alguna amatxu me transmite su frustración por no poder dar el pecho en exclusiva a su recién nacide: “esto es una carrera de fondo, lo importante no es dónde estés en la salida sino que seas capaz de llegar a la meta”. Meritxell, eskerrik asko por animarte a formar parte de este blog. Muuuuuuuuuuuak

    12 meses, 12 madres… En mi caso, 24 meses… 24 meses de lactancia materna, 24 meses que celebro. Ahora que ya hemos terminado, lo cierto es que lo celebro con un pelín de nostalgia. En realidad de lactancia completa fueron 23, los inicios no fueron fáciles y es por eso que estoy aquí contando mi vivencia.

    Creo que las cosas no empezaron cuando nació Spirit (así voy a llamar a mi peque porque prefiero no hacer público su nombre). Siento que más bien todo empezó en el embarazo…es ahí donde cogí las fuerzas que después me harían falta. En el embarazo fue donde encontré mi camino y este camino me llevaba a querer dar pecho a Spirit. Por este motivo empecé a informarme, a acudir a charlas donde escuchaba las experiencias de otras amatxus.

    Después llegó Spirit, con un expulsivo casi interminable pero por fin con nosotres. Y ahí estaba, puesto en mi pecho y mamando, o por lo menos intentándolo. Pedí ayuda las noches del hospi y pese a que había perdido peso, nos dieron el alta y nos fuimos a casa. Una vez en nuestro hogar le di pecho a demanda. Su amama estaba descolocada, recuerdo su frase constante de “¿otra vez?”. Pero yo tiraba hacia delante, era lo que había oído en las charlas durante el embarazo y así lo hice. Mi cuerpo me pedía tenerlo pegadito siempre (o casi siempre) y olvidarme de las horas. Pero aún así algo no iba bien….A veces pienso que cómo no me di cuenta, y otras, que menos mal que mi cuerpo hizo lo necesario para cuidar a Spirit: darle calor y amor. En el ambulatorio nos citaron muy tarde, Spirit perdió en esa primera semana casi 800gramos. Así que directos al hospital. Mi peque no había mamado bien y yo no había producido leche (o por lo menos no la suficiente leche). Una vez en el hospital y a pesar del susto, yo seguía sintiendo (que no es lo mismo que «queriendo») que necesitaba seguir dándole pecho. Esos días en Cuidados Medios le ofrecía pecho cada 3 horas, mamaba muy poquito y después tomaba el bibe que era lo que le alimentaba. Después del bibe y los mimos entre mis brazos, le acostaba para ir a sacarme leche. Que experiencia… juntarme en una pequeña sala con amatxus de bebés prematures, bebés con diferentes enfermedades…y ¡todas con el sacaleches en la mano!

    En nuestro caso nos dieron el alta al de 11 días, yo ya experta en sacaleches y Spirit succionando un poquito mejor, además el pronóstico era bueno, asique seguíamos adelante. Tenía la mandíbula hacía atrás y por eso el agarre no había sido correcto, pero nos dijeron que según creciera iba a mejorar. Asique si Spirit hacía su parte, yo debía hacer la mía.

    Pedí ayuda. Creo que a partir de aquí pedí ayuda a un montón de gente…¡y menos mal! Una enfermera experta en lactancia me guió con cómo relactar. Después de la primera visita y sus primeras pautas, volví a su consulta y me preguntó: “¿Qué tal?” Yo respondí: “Mal” Y empecé a llorar… Lo recuerdo perfectamente. Me dio más pautas. Llevaba el control del peso de Spirit. Y yo llevaba la cuenta en casa de la cantidad que tomaba de biberón en todas las tomas. Pecho, bibe, apuntar, sacar leche. Pecho, bibe, apuntar, sacar leche. Pecho (por las tardes protestando), bibe, apuntar, sacar leche. Intenté relactar con sonda pero no me daba la vida para más.

    Poco a poco llegaron los cambios. Las tomas de la noche empezaron a ser más largas y en mis apuntes veía que había días que en los bibes tomaba menos cantidad. Y yo iba ganando en tranquilidad al verle mamar un poco mejor. «Ten paciencia, este proceso puede ser largo, muy largo» me decía la enfermera.

    Meri 12mese12madres

    Y por fin llegó ese día. Bueno, ese finde. Llevábamos varios controles de peso y todo indicaba que el peso de Spirit iba bien. Así nos lo hicieron saber la enfermera y la pediatra. Y de viernes a lunes, tomando menos bibe (porque le ofrecía y no tomaba, estaba todo apuntado) cogió un montón de peso. «Está comiendo de mi pecho» pensé, ¡qué alegría! Y «sólo» había pasado un mes desde que salimos del hospi. Un mes. Relativamente poco, pero interminable en dudas, lloros… un día quise tirar la toalla y otros muchos pedía ayuda.

    Así fue como empezaron los 23 meses, no sin altibajos, pero 23 a fin de cuentas. Ahora que lo veo desde la distancia me asombro de lo que hice, ¡¡pero me alegro taaaaaanto!! Lo recordaré toda mi vida, el susto del comienzo y los 2 años de lactancia. Por eso mismo intentaré contárselo a todas las amatxus que pueda. Porque hay palabras en este texto en las que quizás no hayáis reparado pero las he escrito por algo: mi camino, mi cuerpo, calor, amor, sentir,…ayuda y paciencia.

    Va por ellas. Por esas amatxus que a pesar de sentirlo y tener el cuerpo «preparado» para ello, no han podido celebrarlo como yo. Por esas amatxus que no han tenido la ayuda adecuada (Eskerrik asko Eneritz, tú eres parte de esa ayuda que tuve y siempre lo recordaré.), por las que no han dado con la tecla necesaria, o simplemente no ha podido ser. Estas líneas van para las amatxus que vendrán, para esas mujeres que están embarazadas y ni se imaginan lo que viene, para que pueda servirle a alguna de ellas. Yo tuve todo eso que os digo, pero lo más importante de todo es que yo lo sentí. Por eso, va por vosotras, por nosotras. Porque la lactancia no siempre es placentera, ni exitosa, pero el camino transitado es lo que nos hace crecer. Y sobretodo para que recordemos que lo importante no es lo que pasa al comienzo, sino que la clave está en llegar a la meta. Sigamos hacia delante.