#24meses24familias Movimiento libre en niñes y mayores

Nuevo mes, y… ¡¡¡nuevo post del #24meses24familias!!!

En Enero os adelantaba que este año iba haber novedades en esta pedrada mía de abrir el blog a otras personas. Hoy os cuento un poquito más sobre el por qué del cambio de nombre. Pasamos de #12meses12madres a #24meses24familias porque no sólo las madres tienen cosas por compartir, también los aitatxus tienen mucho que decir… Afortunadamenete en los cursos y sesiones que imparto también hay aitas (la mayoría son amatxus, amigas mujeres, amamas o izekos pero cada vez más los hombres van participando y esto es geniaaaaal 🙂 )

Y para abrir mi blog al mundo masculino, os traigo a Eneko, un aitatxu que participó en uno de los cursos de masaje infantil que impartí en el 2018. Eneko desde el minuto cero me enganchó por su conexión con su bebé. Su txiki era muy muy txiki cuando vinieron al curso, pero el fue capaz de hacerle masajito (muchas eces mientras disfrutaba al comer teta con su amatxu) y verle la cara en ese momento era lo más. En las sesiones Eneko compartía su sentir como aitatxu y hablaba sobre respeto, ritmos vitales, autonomía… Vamos que somos del mismo rollo…jajajaja. El trabaja como enfermera (así se denomina a sí mismo) con personas adultas y su perspectiva sobre este tema me encantó, hablábamos sobre cómo a veces le decimos a un/a niñe que “no pasa nada” en vez de “¿estás bien?” cuando se caen, y esto es tan sencillo  de entender como responder a la pregunta de “¿si no se lo haces a una persona adulta por qué se lo haces a tu hije?”, también sobre la importancia de los espacios seguros y sobretodo de la presencia y disponibilidad, el “darles la caña en vez de pescarles los peces”.

Mila esker Eneko por compartir tu vivencia y sobretodo por saborear tanto de esto de ser aitatxu. 🙂

Hace cuatro meses comenzó nuestra aventura como familia. Como todes, tenía la idea de empaparme de información para cuidar a nuestro bichito (como cariñosamente llamamos a nuestro hijo) a partir de artículos y libros, pero debido a mi situación laboral me fue imposible (malditas OPEs). Aun así, pude asistir con mi pareja a varios cursos e intenté aprovecharlos al máximo.

Mientras estudiaba, entre tema y tema sacaba tiempo para leer alguno de los artículos que mi pareja compartía conmigo. Uno de los artículos me llamó mucho la atención, trataba sobre una pediatra llamada Emmi Pikler y sus investigaciones sobre el movimiento de les niñes. Algunas de las características de sus estudios eran el libre movimiento, el respeto, el fomento de la autonomía, la observación y el acompañamiento. Enseguida me di cuenta de que tenía muchas similitudes con mi manera de trabajar. Soy enfermera y hace años inicié junto a unes cuantes compañeres un programa basado en cuidados dignos.

Gracias a la información que me iba pasando mi pareja y al ejercicio de mi profesión, empecé a darme cuenta de ciertos hábitos en la crianza normalizados socialmente, que no me parecían del todo correctos. Un ejemplo de ello son las típicas hamacas para bebés. En mi trabajo residen personas mayores, a las cuales, bajo ningún concepto sujetamos con cinchas o cinturones, aunque no tengan tono muscular y/o tengan deterioro cognitivo grave. Ya que hay suficiente evidencia científica para saber que es contraproducente tanto para evitar caídas como para la psicoagitación, porque no entienden por qué están atados, de la misma manera que un bebé no entiende por qué tiene que estar sujeto. Imaginaos por un momento en una cama o en una silla con un cinturón que no podéis soltar y no os deja moveros libremente.

Después de hablarlo con mi pareja desechamos la idea de utilizar hamacas. La alternativa fue y es una manta en el suelo. Observamos que bichito se quedaba contento y, además, disfrutamos cada día acompañándole y viendo como descubre nuevos movimientos.

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Cuanto más indagaba sobre el método Pikler más similitudes encontraba con nuestro método de trabajo: autonomía, entorno seguro, acompañamiento, cuidados dignos, etc. Si antes de realizar cualquier técnica a mis pacientes, sea cual sea su nivel cognitivo, les explico lo que les voy a hacer, ¿Cómo no lo voy a hacer con mi hijo? Si en el trabajo creamos entornos seguros para evitar caídas como mobiliario adecuado, luces cerca de la cama, sillas y camas con la altura adecuada para facilitar el libre movimiento y poder levantarse, sensores de movimiento, etc. y fomentamos todo lo posible su autonomía para que les residentes no pierdan facultades ¿Cómo no vamos a hacer lo mismo con nuestro hijo?

Cuando hace años empezamos en nuestro centro con este proyecto, a muches compañeres nos costó aplicarlo al traducirse en más trabajo y mayor implicación, a tener que desaprender para aprender, pero finalmente nos dimos cuenta de que no es que lleváramos muchos años cuidando mal, sino que se podía cuidar de una manera óptima. A día de hoy evidenciamos que la calidad de vida de nuestros residentes ha mejorado.

Con todo esto quiero decir que aunque nos cueste más trabajo, a ratos sea muy difícil, que haya que ir a contracorriente socialmente, que escuchemos que no es lo que se ha hecho “toda la vida” o que a veces nos tiente tirar la toalla, ¿No compensa que nuestres hijes crezcan libres y felices? Nosotres llevamos cuatro meses intentándolo ¿Lograremos conseguirlo? El tiempo lo dirá…

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