Me olvidé de mí… y estoy reconstruyéndome

Me olvidé de mí por primera vez en el hospital, cuando Ekhi tenía tan sólo un día de vida. Nos trajeron la comida y al de dos horas pasaron a recogerla, la auxiliar cuando vino me dijo: “¡pero si no has comido nada!” Mi respuesta fue: “no he tenido tiempo ha estado todo el rato en la teta” y ella me pregunto “¿ha estado dos horas en la teta?” Le respondí que sí. Supongo que vería mi cara de agobio/cansancio ante su tono de reprimenda y cambió su discurso por uno más amable diciendo: “Para cuidarle, te tienes que cuidar tú. Si quieres que él se alimente bien, primero te tienes que alimentar tú. Asique es importante que comas, que busques la manera de hacerlo, que le cojan otras personas o lo que sea, pero tienes que comer.” En aquel momento no le di ninguna importancia a aquel hecho, estas semanas viene a mi mente constantemente…

Me olvidé de mí, cuando no quise soltar a Ekhi ni para cagar tranquila, cuando comía con una mano haciendo malabares mientras le tenía en la teta, cuando prefería retrasar la ducha a otro momento por no oírle llorar…

Me olvidé de mí cuando dejé de hacer deporte, cuando no asistí a aquel concierto del que ya teníamos las entradas, o cuando no hice otras cosas que me gustaban por no estar “mucho tiempo” separada del peque.

Me olvidé de mí cuando por la noche Gorka se levantaba para estar con Ekhi pero éste no dejaba de llorar y terminaba levantándome yo.

Me olvidé de mí cada vez que recibía algún mensaje/llamada con “Ekhi quiere teta” y salía disparada en su busca.

Me olvidé de mí al pensar única y exclusivamente en lo que Ekhi necesitaba y no contar con lo que el resto necesitábamos.

Me olvidé de mí en tantos y tantos momentos…

Sin embargo lo bueno de la vida es que hay opción de cambiar, y yo estoy empezando a “recordarme” en vez de olvidarme. 😉

Hay un post de Nohemí Hervada que me encanta (lo puedes leer aquí), donde habla de la importancia del AUTOCUIDADO. Para ello utiliza un ejemplo que me parece brutal, como es el uso de la mascarilla de oxígeno de un avión. Resumiéndolo mucho, radica en la importancia de que en caso de accidente primero te pongas tú la mascarilla de oxígeno y después se la pongas a tu bebé/niñe. Esto es tan sencillo de entender como que si se la pones a él/ella primero y a ti no te da tiempo de ponértela puedes morir y entonces si que no puedes cuidar a esa criatura más.

¿Qué nos pasa mucho a las madres (hablo en plural porque lo veo día sí y día también en los talleres que imparto)? Que nos cuesta SOLTAR. Queremos tenerlo todo controlado, dar siempre “lo mejor” a nuestras crías, ser la madre “ideal”… y nos olvidamos constantemente de que “lo mejor” somos nosotras y que ese “ideal” es que seamos felices para transmitirles ese bienestar. Si nosotras estamos enfadas, cansadas, malhumoradas, frustradas… se lo estaremos transmitiendo. Y ya no sólo eso, si les enseñamos que para que elles estén bien nosotras estamos mal, les estamos enseñando que no es importante cuidar de las necesidades de una misma, que lo del resto siempre está por delante.

Entiendo que cada etapa es diferente y que todo tiene su momento, no es lo mismo un/ bebé de un mes, tres o siete que un/a niñe de 4, 6 o 10 años. Por eso es importante tener en cuenta el proceso evolutivo de cada persona, no hay dos criaturas iguales, ni dos madres iguales. De hecho muchas mujeres comparten que cuando un/a segunde hije llega a tu vida ya no eres la madre que fuiste la primera vez.

Recuerdo cuando Ekhi tenía meses que mucha gente me decía aquello de “sal, haz otras cosas sin el txiki”, pero a mí no me apetecía y por eso mismo no las hacía, simplemente fluía con lo que mi cuerpo me pedía que era estar con mi cría. También recuerdo como esto comenzó a cambiar alrededor de los dos años.  Por aquel entonces yo ya no necesitaba estar tanto con él y comenzaba a ver “fuera de la cueva”, me volvía apetecer hacer otras cosas más allá de ser madre. Además en este fase Ekhi solía quedarse más tiempo tranquilo sin mí, las tomas de la teta eran mucho más espaciadas… Durante este tercer año, lo que he hecho ha sido volver a poner la mirada en mí. ¿Quién soy? ¿Qué hago con mi vida? ¿Qué necesita esa mujer que está en el espejo? ¿Qué me apetece hacer en mi día a día? Volver a coger la brújula y marcar el camino que quiero seguir, seguramente no será el mismo que el de dentro de un año, ahí radica lo bonito de la vida que podemos cambiar el rumbo cuando lo decidamos. Lo que tengo claro es que no quiero seguir por el camino que he llevado hasta ahora. No me arrepiento de lo vivido ni mucho menos, de hecho estoy orgullosa de cada paso dado, pero simplemente mis pies están cansados de pisar tierra, asique voy a darme un paseíto por la arena, las rocas, la hierba, el barro… quién sabe qué camino me espera…

Comenzaba este post hablando sobre cómo me olvidé de mí, porque así es, o por lo menos esa es mi vivencia de este tiempo. No lo escribo a modo de víctima ni mucho menos, simplemente es mi sentir. Lo que quiero poner en valor con estas líneas es que cada persona tenemos nuestros ritmos y necesidades y es vital respetarlos todos. Lo que no podemos hacer es que para cubrir las necesidades de les bebés, les madres/padres nos olvidemos de nosotres, y tampoco lo contrario, para que una madre o padre tengan sus necesidades cubiertas se olviden de las del/la bebé/niñe. Intentar conseguir un equilibrio es lo interesante de todo esto. ¿Cómo hacerlo? Ahí entra en juego cada familia. Tengo claro que no hay recetas mágicas ni rutas concretas. En mi caso ha sido ahora con casi 4 años de Ekhi y por diversas circunstancias de la vida cuando he decidido soltar amarras. ¿Por qué lo hago? Para que Ekhi vea que su amatxu también se cuida, que está descansada y que cuando estoy con él lo hago gustosamente, no agobiada y agotada como estos últimos meses. Lo hago porque su aita también tiene un papel clave en la crianza de Ekhi y es un pilar fundamental que tiene que tener cabida en esta ecuación, además de vivir la diada mamá-bebé es bueno que vivan su diada papá-niñe. Y sobre todo lo hago por mí, porque me lo merezco, porque sólo se vive una vez y la vida es para disfrutarla no para estar en modo supervivencia constantemente.

Estas líneas las escribo con el objetivo de recordarme que SOY IMPORTANTE, que mis necesidades también cuentan, que necesito descansar (hoy he dormido 6 horas seguidas sin Ekhi y estoy como si me hubiese tomado 20 cafés, tengo energía a desbordar, el agotamiento acumulado era mucho…) y sobretodo que PARA CUIDAR HAY QUE CUIDARSE. Porque no hay mejores ni peores madres, simplemente tenemos que centrarnos en ser la mejor versión de nosotras mismas. Vamos allá, sigamos construyendo. 🙂

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